Un soleado sábado llamé a mi amiga Ángela, para quedar en el parque. Fuimos al parque y nos sentamos en un banco, junto a un pequeño lago no muy profundo y hablamos, cuando, de pronto, apareció una luz verdosa del cielo, miramos arriba, y vimos como una especie de nave espacial:
-¿Qué es eso Ángela?
-¡No tengo ni idea!
La “nave espacial” se fue acercando, hasta que se depositó en el lago, la luz verdosa se redujo, y salió humo, y, la puerta se abrió poco a poco, de ahí salió una pequeña criatura, de una estatura de aproximadamente un metro, solo que tenía la cara verdosa, y cinco dedos en la mano, además, tampoco tenía nariz, ni pelo, ni dientes, era una criatura muy extraña, como un extraterrestre.
-¿Quién eres? -preguntó Ángela-.
-Soy Bob, seríais tan amables de decirme ¿donde está el asteroide B612?
-Estamos en un planeta llamado Tierra, no estamos en ningún asteroide -dije-.
-¿A si? Debe de haber una equivocación, mi nave me tenía que traer al asteroide B612 -dijo Bob-.
-Pues su nave se habrá estropeado, porque estamos en la Tierra -dijo Ángela-.
-¿Y a cuantos kilómetros esta el asteroide de la Tierra? -preguntó Bob-.
-Seguramente a muchos, podemos preguntar al observatorio a ver si ellos saben algo -dije-.
-Vale, pero de mientras, ¿donde voy yo? -se preguntó Bob-.
-Te puedo llevar a mi casa -dijo Ángela-.
Fuimos todos a casa de Ángela, en casa de Ángela dejamos a Bob escondido dentro de la sábanas, y Ángela y yo nos fuimos al observatorio. Cuando llegamos, preguntamos por el asteroide:
-Buenos días, ¿saben algo de asteroide B612? -pregunté-.
-¡Sí! -contestó una señora- es un asteroide en otra galaxia, está muy lejos de aquí, es muy difícil llegar a el.
-Muchas gracias señora -dijo Ángela- ¿a cuantos kilómetros esta mas o menos?
-Pues a... 5 trillones aproximadamente
Nos fuimos, al llegar a casa de Ángela se lo dijimos a Bob:
-Si, no es mucho -dijo Bob- pero las naves se estropean fácilmente, así que tal vez la mía esté estropeada.
-Puedes ir a echar un vistazo antes que se den cuenta los habitantes -dije-.
-Si, ¿podemos ir ahora? -preguntó Bob-.
Ángela y yo vestimos a Bob para que pareciera un niño pequeño, le maquillamos y vestimos como cualquier niño, ya no parecía un extraterrestre. Nos fuimos al parque, la nave seguía ahí. Bob la observó y dijo:
-Hay una pieza que está mal colocada, y recolocarla me llevara un tiempo.
-Bien, pero no podrás estar trabajando aquí, en medio del parque, tendremos que llevarla a algún sitio más discreto -dijo Ángela- en mi casa no cabe.
-Seguramente en el patio de mi casa cabrá -dije- pero ¿como la transportamos?
-Yo me encargo -dijo Bob- dime solo donde vives.
Le dije donde vivía y Bob la llevó al patio de mi casa, ahí la estuvo reparando. Pasaron los días, hasta que un día, Bob terminó de repararla:
-¡Ya esta terminada! -dijo Bob-.
Ángela y yo fuimos corriendo para ver como estaba la nave:
-¿Y ya puedes viajar? -preguntó Ángela-.
-¡Sí! Pero tendría que llevarla al parque.
Bob transportó la nave, abrió la puerta y se fue dentro de la nave, la puerta se cerró detrás suya, salió humo y las luces verdosas volvieron a encenderse, la nave se puso a flotar cada vez más alto hasta que desapareció del cielo, Bob se había ido.
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